
Elba Esther, pa’que se eduquen
Manuel Ajenjo
Al parecer, el gobierno de Peña Nieto hizo caso al clamor social del que me convertí en vocero y, desde antier, la profesora Elba Esther Gordillo está en prisión como presunta culpable de realizar operaciones con recursos de procedencia ilícita. A riesgo de que se me califique de encajoso o se diga que no tengo llenadera, extiendo la petición para que, en aras de la equidad de género, se le dé pa’dentro -como se dice vulgarmente- a uno o a varios corruptos del sexo masculino. Candidatos sobran. Desde la A de Andrés Granier hasta la Y de Tomás Yarrington, pasando por la R de Romero Deschamps, y la M de Moreira y de Montiel. Con éstos dos últimos más vale ni hacerse ilusiones porque son piezas de caza -casa- mayor.
Voces calificadas, expertos politólogos, coinciden en señalar que la caída y captura de Elba Esther Gordillo, más que un acto de justicia contra la corrupción sindical y la impunidad en general, es una maniobra política con la que el nuevo gobierno federal y, concretamente, su titular, el presidente Peña Nieto, les manda un mensaje a los poderes fácticos del país. Te lo hago Elba para que lo entiendas Fulano -aquí, el lector ponga el nombre de una o varias personas y/o empresas a las que considere que ejercen al margen de los cauces formales una autoridad sobre el Estado o que tienen una capacidad de presión sobre éste para influir política y económicamente en favor de ellas.
La aprehensión de La Maestra es un memorándum de la PGR y las secretarías de Gobernación y de Hacienda para que aquellos que, política o económicamente, tienen capacidad para retar al Estado mexicano lo piensen dos veces antes de hacerlo. En otras palabras, lo sucedido el pasado martes es una politicomanta con la leyenda: “Pa’ que se eduquen, güeyes”.
Del quinazo al gordillazo
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